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Exposición virtual

NO-LUGARES

Liminalidad y desorientación en la fotografía

El lugar es algo que hemos heredado y tiene importantes valores sociales (patrimoniales) y emocionales, es un término que se ha definido como un medio para transmitir historias y recuerdos. En las artes los retratos de lugares o paisajes han sido extensamente empleados como invitaciones a mostrar y/o examinar esos espacios de tránsito o cotidianidad que acompañan al ser humano en sus interacciones y experiencias diarias.

Según el antropólogo francés Marc Augé, el concepto de lugar se asocia con el territorio y la identidad. Afirma que el lugar revela la relación entre los individuos, recuerda a los individuos las grandes épocas de la historia en la arquitectura y las artes, encarna sus prácticas religiosas y experiencias vividas. El lugar mantiene unidas a personas con el mismo origen cultural, fortalece el sentido de pertenencia a su país, historia y cultura. Es por eso que cualquier construcción de identidad, nacional, religiosa, cultural o étnica, necesita encontrar algunas pistas espaciales. A estos lugares el antropólogo francés opone los no-lugares, espacios que no crean ni identidad ni relaciones, ni símbolos culturales compartidos ni monumentos. Estos no-lugares –espacios funcionales, transitorios y vacíos de sentido– provocan cambios en la relación entre pueblos, lugares y entornos, además de generar atmósferas y emociones complejas en los individuos que transitan en ellos: una especie de apatía, desorientación e incluso una sensación de liminalidad.

Como resultado, nuestra actitud y relación con los ritmos históricos se transforma significativamente. El paradigma de la pandemia de COVID-19 altera y tergiversa nuestra percepción de los espacios cotidianos, convirtiéndolos hasta cierto punto en no-lugares que pierden su sentido y significación colectiva. Del mismo modo, el cambio del consumismo y la industria del turismo transforma los lugares históricos en no-lugares de consumo, las imágenes y fotos turísticas crean la sobreabundancia espacial y los sustitutos de la realidad, generando ilusiones sobre la realidad causando decepción con nuestra realidad viviente.

Por tanto, el desarrollo de los no-lugares nos anima a reexaminar las fluctuantes fronteras externas e internas de nuestros paisajes culturales. De hecho, los no-lugares plantean cuestiones que conciernen no solo a la sociedad y el territorio localizados, sino también a las cuestiones de la identidad misma, porque “la identidad y las relaciones están en el centro de todos los arreglos espaciales” (ver Augé, 1995: 58). Como apunta Augé, las relaciones de convivencia se gestan y maduran en algunos lugares.

En este sentido, te invitamos a visualizar las imágenes que acompañan este texto preambular (de diferentes colecciones cuyo acervo se encuentra en el Repositorio Centroamericano de Patrimonio Cultural: Museos del Banco Central de Costa Rica, MAC Panamá y la Fundación PAIZ), e indagar en ellas esa confrontación como lugares y/o no-lugares.